Los alumnos de 2º de ESO dan la bienvenida en «las casas» a los alumnos de 1º de EP

FOTO ALUMNOS 2º ESO
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Los alumnos de 2º de ESO dan la bienvenida en «las casas» a los alumnos de 1º de EP

En el día de hoy, los alumnos de primero de primaria han recibido su insignia de la casa a la que ahora pertenecen. Los alumnos de 2º de la ESO, les han colocado la insignia y les han dado la bienvenida a la propia casa. De esta manera, nuestros alumnos de 1º de primaria se introducen definitivamente en todas las tradiciones del colegio, y de alguna manera son más alumnos de Stella Maris hoy.

El sistema de Casas propicia que se genere un vínculo transversal entre los alumnos de distintos cursos, estimula el sentido de pertenencia, ayuda a gestar tradiciones y a generar grandes amistades. A partir de ahora, nuestros alumnos realizarán algunas actividades junto a los miembros de su Casa y, a través de sus símbolos y prácticas concretas, podrán trabajar la virtud propia de su casa, junto a otras como la lealtad, el compañerismo o la generosidad, propias de este sistema.

Además, el capellán nos ha anunciado un nuevo símbolo que se añade a cada casa. En esa tensión que tenemos hacia la fecundidad de una vida, hemos añadido a las casas un fruto y un árbol propio, que nos hablan de la llamada a dar mucho fruto.

Benson: El olivo y su fruto nos recuerdan que somos cristianos, por tanto, seguimos y queremos imitar a Cristo, es decir, al ungido con aceite por Dios. Nosotros también somos ungidos desde el Bautismo para ser luz y esperanza en nuestros ambientes. La casa Benson nos remite a ese don primero que recibimos y que nos posibilita trabajar la fortaleza.

Chesterton: La palmera y su fruto nos exigen un compromiso con la gran verdad: la resurrección de Cristo en nuestras vidas, que nos permite crecer hasta hacernos como Dios. La casa de Chesterton, tan asociada a la verdad, aprende de este árbol a buscar con intensidad la dulzura de la verdad y a hacerla vida con los estudios y la santidad.

Lewis: El granado y su fruto nos muestran lo que verdaderamente nos hace grandes en la vida. Las semillas de granada necesitan de las otras para formar el fruto, pues, por sí solas, no serían. Así, la magnanimidad de una vida solo se puede hacer cuando nos unimos con otros y, especialmente, cuando nos vinculamos con Dios.

Tolkien: La higuera y su fruto nos enseñan la dulzura de una vida que ha sido fecunda. La virtud de la piedad es la virtud del que se sabe enraizar en buena tierra, como la higuera, para dar fruto. Sabiendo agradecer esa tierra, podemos dar un fruto que sea delicioso para todos.

Un abrazo,